Jon Rahm con 5 golpes sobre el
par del campo, no pasa el corte del Erin Hills, su segundo US Open, primero como
profesional. También era su cuarto Major, y si bien en los tres anteriores
habría logrado superar el corte, las expectativas en éste eran todavía mayores
ya que por primera vez llegaba como top 10 del ranking mundial. Un resultado
por tanto no acorde a su juego y las expectativas, pero esto es golf y el US
Open, menos US Open que otras veces, pero US Open al fin y al cabo. La nómina
de jugadores ilustres que no han pasado el corte es alargada: el top 3 del
ranking mundial (Dustin Johnson, Rory McIlroy y Jason Day) no pudo con el corte
más asequible de un US Open desde hace lustros, y los suecos Noren y Stenson
tampoco estarán peleando por la victoria el domingo. Podemos aseverar por
tanto, que el 60% del top 10 del ranking mundial del golf ha estado claramente
por debajo de las expectativas al no superar el corte, pero esto es golf y el
ranking no asegura nada. Es por todos sabido que si algo tiene en particular el
golf respecto a la mayoría de deportes es que hay un amplio abanico de
jugadores que si tienen el fin de semana perfecto pueden ganar casi cualquier
torneo. Con todo el verano por delante enseguida vienen nuevas oportunidades
para quitar este mal sabor de boca, por lo que no hay que hacer un drama de
ello. No es norma habitual, pero a todos los grandes les pasa.
Sin embargo eran tales las
expectativas y el tirón que está alcanzando el de Barrika que ha formado parte de
uno de los grupos estrella del torneo, uno de los cuatro Featured Groups que ha
podido ser íntegramente seguido por la web del torneo. Esto de poder ver todos los golpes de los
mejores jugadores es una gozada y un lujo para el espectador, pero también
supone una sobreexposición para los jugadores. Al fin y al cabo en un torneo
regular posiblemente no se vean ni la mitad de tus golpes, no digamos ya las
rutinas, los gestos, etc. Con estos medios podemos ver cuando un jugador bebe
sus brebajes, se alimenta con sus barritas energéticas, hace una pausa para
irse al excusado (por suerte las cámaras todavía no entran al interior del
mismo) y obviamente recogen todos y cada uno de los gestos. Unos gestos que son
muy importantes en el golf, porque reflejan y son reflejo de su juego, pero que
también son muy importantes cara a la imagen del deportista. Lamentablemente los
highlights de Jon en sus 36 primeros hoyos en Erin Hills no van a ser a sus
golpes, sino sus gestos, que se han convertido en arma de fuego para periodistas, analistas y aficionados que en su gran mayoría han criticado
la actitud del jugador español. Es por ello que creo acertado enfocar esta
continua gesticulación desde dos puntos de vista distinto: desde el puramente
deportivo y desde el punto de la vista de la imagen.
En lo que se refiere al punto de vista deportivo se ha visto claramente que la actitud de Jon se ha visto reflejada en su juego y en esta ocasión le ha superado. Aquí es donde muchos dicen que Jon siempre ha sido así y que los resultados son espectaculares, y no faltarían a la verdad. La diferencia está en que un Major no es como cualquier un torneo regular cualquiera. Un torneo regular se juega básicamente de jueves a domingo, un Major, en cambio, se está jugando desde semanas atrás. Se preparan calendarios específicos, el foco de atención mediática es mucho mayor desde el mismo lunes, mucha más entrevistas, más público y finalmente durante los días de torneo este efecto se multiplica exponencialmente. Es evidente que lo que distingue a los Majors de los demás torneos, más allá de la mayor o menor dureza de los campos, es que te exigen lo máximo psicológicamente. Cuanto cuesta mantener un liderato en un Major, ¿verdad?. En un torneo regular Jon da un mal golpe, tiene un mal gesto, pero es capaz en el siguiente hoyo, o incluso en el mismo, de darse una ocasión para reconducir la situación. Los jugadores con la calidad de Jon pueden obrar el milagro y sacar un birdie de la nada. Rahm es una máquina de hacer birdies, se le caen de las manos casi con tanta facilidad como se le han caído palos de las manos estos dos últimos días. En torneos como el US Open, el Masters o el Open Británico esta tarea es mucho más complicada.Jon Rahm make bogey. Jon Rahm very angry. Jon Rahm kick golf bag.— Jason Sobel (@JasonSobelESPN) 15 de junio de 2017
BunkeredOnline : Toss bunker rake ✅— Golf2Win (@Golf_2_Win) 17 de junio de 2017
Throw and kick club ✅
Slam it to the ground again ✅
Jon Rahm 😮😮https://t.co/viTXrOgDI2 pic.twitter.com/SkVKOGHSru
Cuando esa situación no se revierte como si sucede en los otros campos la bola se va haciendo cada vez más grande, empiezas a sumar golpes mientras ves que tu compañero de partido lidera el torneo y las tira todas rectas. Te invade la impotencia porque tú lo sabes hacer tan bien o mejor pero no te sale, y te ves tras los 9 primeros hoyos del torneo con la necesidad imperiosa de recuperar. Ya no es hacer birdies para meterte en la pelea por la cabeza del torneo, es conseguir birdies para seguir vivo. Los hoyos pasan y no te sirven los pares mientras que a tu compañero sí porque ayer hizo el trabajo. Lo dicho, una bola. Y ante esta bola, también llamada presión, hay jugadores que reaccionan mejor y otros que reaccionan peor. Jon en los torneos regulares suele atajar esta bola rápidamente, como los mejores. Es raro verle hacer dos bogeys seguidos en ese tipo de torneos, de ahí sus resultados desde que es un asiduo en el circuito. De hecho, según pude leer el otro día, desde que dio el salto a profesional es el jugador con más top5 en el circuito. Es por eso que duele verle así, perdiendo los papeles. Ver como la frustración le invade y no le permite desplegar su mejor juego y creo que necesariamente es un tema a tratar tanto por él como por su círculo más cercano.
Es importante hablar del círculo
porque hasta ahora siempre me ha parecido de sobresaliente. Pequeños detalles para muchos
que para mí tienen especial relevancia. Ves hablar a sus padres en el documental
que en su día emitió Hugo Costa para Movistar y te das cuenta que hay una buena
base detrás y con eso tiene mucho ganado. Él ha puesto de su parte, y maduro
es, porque ha ido dando pasos hacia delante, viviendo fuera de casa, fuera de
la zona de confort. Eso no es fácil y muchos se pierden en el camino. El hecho
de decidir terminar los estudios de sirena cuando un año antes ya sonaban los cánticos del profesionalismo es una muestra más de buenos cimientos en la carrera de
este jugador: cimientos deportivos y extradeportivos. Ese último año universitario le permitió
además alcanzar una madurez en su juego bárbara. Su último año como jugador de
los Wildcats de Arizona fue simplemente antológico. Repleto de top 10, siempre
en la pelea, números de nº1 del mundo amateur inigualables. Le permitió madurar
en la sombra para cuando llegase el salto estar más preparado. La figura de Tim
Mickelson mucho tuvo que ver porque lo moldeó desde su llegada sabiendo que su
carácter, que en muchas ocasiones es su mejor virtud, se puede convertir en
ocasiones en su peor defecto. Rahm tiene un coco privilegiado, es un tiburón de
esto y cuando ve la presa se lanza a por ella. Tiene la determinación de los
más grandes y eso es un gran punto a su favor. Bajo mi humilde opinión creo que
tan sólo le falta ajustar levemente las piezas en situaciones adversas.
Yo al Jon Rahm de hoy, de ayer, del jueves, le veo
capaz de ganar cualquier torneo menos en Augusta, el US Open y el Open
Británico. Es mucho decir, ya que de pocos jugadores se puede decir cosa así tan a la
ligera. Sin embargo, para ganar estos torneos se requiere un plus de paciencia
para aceptar malos golpes que los habrá. Incluso algunos buenos golpes se
terminarán convirtiendo en bogeys y hay que saber aceptarlo. El PGA
Championship, en cambio, lo veo más liviano y es por ello que creo que al Jon
de hoy es el Major que mejor se le adapta. De hecho si hoy me dicen que apueste
por un campeón del PGA Championship 2017, sin lugar a dudas daría su nombre
entre la terna de favoritos. Tampoco tengo duda que algún día también peleará y
muy posiblemente ganará los otros tres torneos anteriormente citados, pero para
pelear por ellos ha de moldear un carácter que en estos torneos se refleja
negativamente en su juego. Tiene un espejo en el que mirarse para saber lo
importante que es el control mental en este tipo de torneos. No me gustaría
tener que esperar a su 71º Major para ver su primera victoria en un Grande.
Eso sí, de lo que estoy 100%
seguro tras seguir la trayectoria de Jon desde sus primeros años
universitarios, es que Jon no está ni mucho menos sobrevalorado como algunos
ventajistas quieren hacer ver las últimas horas por twitter. Aún recuerdo hace
un año algún comentario de aficionados estadounidenses en la misma línea
argumentando que Bryson DeChambeau era mucho más jugador que el de Barrika. Lo
que hace la osadía y el patriotismo exacerbado. Jon sigue siendo un jugador que
está destinado a escribir la historia de este deporte.
If you've backed Jon Rahm to win the US Open you need your head checked. #overrated— Greg Blundell (@TheGoodRhebel) 15 de junio de 2017
Hablemos ahora desde la
perspectiva de la imagen como deportista profesional. Aquí sí, este fin de
semana ha hecho mella en la imagen del jugador vasco. No es nada que sea
irremediable pero muchas han sido las voces que han censurado la actitud de Jon
durante todo el fin de semana. Voces consagradas en el mundo del golf, comentaristas
de la web del US Open, aficionados… pocos se han resistido a atizar durante
jueves y viernes al de Barrika. Yo mismo, admirador de su juego, no he podido
soportar la tentación de criticar su actitud en el campo. He de reconocer que incluso en algunos instantes se me ha hecho difícil de seguir su actuación, y creo no haber sido el único.
Muchos justifican esta actitud
aduciendo que es joven, apenas 22 años, y que esas cosas son normales de esta
edad. Flaco favor hacen estas voces en mi opinión. Jugadores de esta edad en Erin Hills hay unos cuantos y ninguno ha tenido una décima parte de los feos
gestos que si ha tenido el de Barrika. Jordan Spieth por ejemplo, con apenas una
primavera más que Jon y con dos Majors en su buchaca, ha pasado por momentos
mucho más críticos y ha sido un ejemplo de actitud.
Otros muchos dirán que jugadores con este carácter son necesarios en el deporte, que ejemplos hay en todos los deportes y que, incluso, este tipo de jugadores se pueden llegar a identificar más con el público joven. Que siempre ha habido jugadores como McEnroe que enganchaban con el público, que en la actualidad se pueden ver casos de jugadores de tenis que rompen raquetas, discuten con el público, con entrenadores…
No es menos cierto que hay muchos casos de jugadores que en sus inicios profesionales tenían un punto de irreverencia que con el paso de los años ha ido desapareciendo para ir dando más lustre a su trayectoria profesional. Una trayectoria que a la postre les ha permitido brillar con más fuerza, dejando estas pequeñas vicisitudes olvidadas en el arcón. En muchos de estos casos se ha acudido a ayuda profesional de psicólogos deportivos para encauzar las cosas. Hay que quitarse el cliché de los psicólogos deportivos como algo malo, porque hace poco tiempo atrás casi era un tema tabú. Unos lo necesitarán para mejorar la confianza en su juego, otros para mejorar su carácter, otros para reconducir su ímpetu. Porque sí, esta es una cualidad del deportista que también se trabaja y en muchos casos es la diferencia entre los buenos y los mejores. Porque es una lástima que con semejante talento natural, las discusiones en torno a tu figura se centren más en tu actitud que en tu juego. El propio Sergio García hace pocos años se mostraba totalmente contrario a este ayuda y en los últimos meses, sin hacer referencia directa a ellos, ya ha reconocido que estaba trabajando en esta parcela.
Más allá de todo esto tampoco hay
que olvidar que el mercado anglosajón, y más concretamente el estadounidense,
es el mercado donde se debe desarrollar la figura de Jon Rahm como estrella
mundial del deporte. Allí están los principales torneos, las principales
marcas, el dinero. Y si estas actitudes aquí no son bien avenidas, al otro lado
del Atlántico lo son aún menos. Aquí no sirve el que hablen aunque sea para
mal. Estamos en un escaparate mundial y Jon con su calidad va a ser un
referente en ese escaparate para mucha gente y durante muchos años. El de Barrika
tiene que ser un ejemplo. Como se suele decir en temas de marketing por cada
persona que habla mal de un producto necesitas que diez hablen bien de él.
Vivimos en una sociedad en la que el hablar mal de algo tiene mucho más eco que
el hablar bien de ello. Por eso es muy importante cuidar los detalles, porque
en un fin de semana la gente se olvida que llevas un año jugando de vicio a la
pelota y prácticamente sólo se habla de tus gestos.
Si fuese el 50º jugador del
ranking mundial las cosas habrían sido iguales pero no las habríamos visto. El
problema seguiría estando ahí, pero no a la vista de todos. Cierto es que en
los últimos torneos algo ya se barruntaba, pero Erin Hills ha sido la máxima
expresión de la frustración. Confío en que éste sea un punto de inflexión en la
carrera del vizcaíno. Puede parecer fuerte hablar de esto, cuando hablamos de la
carrera de un chaval de 22 años, que apenas lleva un año como profesional. Sin
embargo, lo meteórico de su carrera hace que este tipo de cosas lleguen también mucho antes. Obviamente el jugador nº523 del ranking mundial, tú que lees esto, o yo que lo escribo no tenemos la repercusión que ya tiene Jon, y mucho menos aún la que va a alcanzar si sigue una proyección lógica. Y no, no pido dejar de ver estas
actitudes radicalmente, lo razonable será que vayan desapareciendo
progresivamente. Como comentábamos el otro día algunos de los Garciístas por
twitter, este torneo tiene que ser un punto importante como aprendizaje. De
hecho, de las malas experiencias es de donde más se puede y debe aprender. Hasta
ahora una de sus principales características ha sido el aprendizaje continuo.
Ahora tiene frente a sí un nuevo reto, ya que la potencia sin control no sirve de nada. Y si poco a poco consigue ir derribando
estas mugas, y controla todas sus cualidades, no tengáis la menor duda de que estamos ante un golfista llamado a hacer historia.